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22/02/2020
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¿Habrá aprendido la humanidad las dimensiones del holocausto?

Europa, el viejo continente, cuna de la civilización occidental, cuyo legado se ha desparramado durante milenios a todos los rincones del planeta, al punto de que en el siglo XXI ha perfeccionado el acuerdo de integración cualitativa de mayor desarrollo universal plasmado en la Unión Europea; ha sido igualmente, a lo largo de centurias y específicamente en el siglo XX, un territorio de extrema crueldad como ninguna otra civilización conoció, escenario de innumerables masacres en las que perdieran la vida cifras cercanas al centenar de millones de seres humanos a causa de la Primera y Segunda Guerra Mundial.

Uno se pregunta: ¿habrá conciencia de lo sucedido en el holocausto? ¿Fue suficiente el horror sufrido por el pueblo judío con más de 6.000.000 de seres humanos exterminados? Cuando el Ejército Rojo entró en enero de 1945 a la fábrica de la muerte llamada Auschwitz, conoció las cifras letales: 1.200.000 personas habían sido asesinadas, de las cuales 90% era judía y de los 200.000 niños que ingresaron a ese campo, solo sobrevivieron para contarlo 230.

Ante esa carnicería el género humano fue capaz de sobrevivir en diferentes circunstancias y resultados, además de lograrse el objetivo general de derrotar al nazismo. En el Occidente europeo se operó la reconstrucción de la vida política y económica a partir del Plan Marshall y la restauración de la democracia como sistema político; entre tanto, en el Este una sombra tenebrosa se extendió desde 1945 hasta 1989 con la imposición de dictaduras tenebrosas al amparo de la URSS, barridas ese año con la caída del Muro de Berlín. Esa fue la razón por la que Polonia actualmente rechazó los bombos y platillos de Putin, al señalar justamente el primer ministro polaco: «Sí, es verdad, nos liberaron; pero luego nos ocuparon».

Otro resultado que debemos destacar sobre el Holocausto fue la capacidad de sobrevivencia del pueblo judío. A pesar de estar diezmado logró constituir el Estado de Israel bajo resolución de las Naciones Unidas en 1949, cuya tarea pendiente por resolver es la integración del pueblo palestino en una sola nación, tal como fue propuesto en los Acuerdos de Oslo en 1993, firmados por Yasser Arafat, líder de la OLP, e Isaac Rabin, primer ministro israelí y recientemente por Donald Trump en su Plan Visión de Paz propuesto a Israel y Palestina.

Por tanto, la respuesta a la pregunta planteada inicialmente indica un rotundo No. Luego del holocausto, la historia mundial registra múltiples conflictos religiosos, persecuciones raciales en todos los continentes, reconocidas en el conflicto de los Balcanes (1991-2001) de la ex Yugoslavia, el genocidio de los hutus contra los tutsis en Ruanda (1994) calculado en 1 millón de muertos, la operación de limpieza étnica de la minoría rohingya en Myanmar conocida como Birmania (2020), el apartheid a la minoría étnica uigur en China (2020) sometidos a campos de reeducación y de lavado de cerebro, el resurgimiento de agrupaciones antisemitas de origen fascista en toda Europa.

Estas tragedias universales tienen un eje común el odio como política de Estado, de allí que nos preguntemos: ¿vivimos también en Venezuela condiciones próximas a una catástrofe humanitaria? Más de 400.000 ciudadanos han sido asesinados por el hampa, millares por ejecuciones extrajudiciales, centenares de jóvenes por protestar, millares de detenidos opositores, en un contexto donde se han marchado más de 6 millones de personas, cuyo efecto genera millares de niños deambulando en ciudades y pueblos de Venezuela, con un agravante: los poderes autenticados que dejaron los padres a terceros fueron prohibidos. La resolución del Saren viola la ley al desautorizar a los padres idos del país que otorgaron un poder para que terceros tramiten el traslado de sus hijos e imponer un proceso engorroso ante consulados desmantelados, para de esta manera mantenerlos separados.

Finalmente, a Jacobo Drachman, judío polaco de 84 años de edad, sobreviviente de Auschwitz, todavía hoy le cuesta entender tanto “sadismo”. Tiene la esperanza de que algo así no se repita nunca. A las nuevas generaciones les pide que no perdonen lo que pasó. «Que no olviden, pero que tampoco odien»

 

Froilan Barrios Nieves                                                           Movimiento Laborista